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Dos más dos son mil. Los efectos comerciales de la independencia

Comunicado conjunto del Col·lectiu Wilson sobre los efectos comerciales de la independencia.

1Cataluña es un país muy abierto al exterior. Tanto la facturación catalana fuera de Cataluña como las importaciones provenientes del exterior (incluida el resto de España) son superiores al 60% del PIB catalán. El grado de apertura exterior de la economía catalana es, sin embargo, el grado que nos corresponde dado el tamaño de nuestra economía.


2 El comercio catalán muestra una preocupante dependencia del mercado español: aproximadamente el 50% de las exportaciones catalanas tienen el resto de España como destino. Los países europeos con tamaño similar a Cataluña muestran una mayor diversificación en el destino y origen de sus transacciones exteriores.


3 Un factor fundamental para entender la desproporcionada importancia del mercado español en el comercio catalán son las inercias creadas por el hecho de que la economía española permaneció cerrada al exterior durante gran parte del siglo XX. Un segundo factor importante para entender esta dependencia es la política de infraestructuras llevada a cabo por el Estado español, que se ha negado en repetidas ocasiones a financiar ciertos proyectos de infraestructura claves que habrían facilitado el comercio entre Cataluña y el resto de Europa. Un claro ejemplo es el reforzamiento del corredor mediterráneo. Una política de infraestructuras centralizadora conduce naturalmente a una centralización en los flujos comerciales.


4 La actual situación no debe ser permanente. A lo largo del tiempo, las inercias del pasado se irán diluyendo hasta alcanzar un equilibrio en el que Cataluña tendrá un grado de diversificación similar al de otros países y donde las transacciones con España deberían representar un porcentaje menor del total de ventas catalanas en el exterior. Aunque este proceso de diversificación podría ser considerablemente lento, de hecho ya es perceptible en los datos agregados del comercio catalán: el porcentaje de exportaciones catalanas con destino al resto de España ha bajado del 57% al año 2000 hasta el 47% en el año 2011.


5 Un proceso de independencia podría reducir el comercio entre Cataluña y el resto de España y acelerar este proceso natural de diversificación de mercados. ¿Qué pasaría si de repente dejáramos de vender en España antes de encontrar compradores en el resto del mundo? Qué efectos tendría esto para la economía de Cataluña? Esta preocupación es legítima y, dándose cuenta de ello, ciertos partidos políticos y sus analistas han tratado de atemorizar a los catalanes con cálculos catastrofistas que pronostican caídas del PIB catalán del 9, 16 o incluso 19 por ciento del PIB catalán. ¿Son verosímiles estas predicciones? Nuestra respuesta es un claro y contundente NO.


6 El punto de partida de los cálculos más catastrofistas consiste en señalar que las exportaciones catalanas al resto del Estado español constituyen una cifra superior al 30% del PIB catalán. Si la independencia conlleva una caída muy significativa (por boicots o animadversiones) en las compras de productos catalanes, se argumenta, el coste en términos del PIB catalán puede ser muy elevado también.


7 A menudo se olvida, sin embargo, que las exportaciones son una medida de producción o facturación y por tanto su valor incorpora no sólo el valor añadido por los exportadores, sino también el valor de los bienes intermedios utilizados en su producción. Algunos de estos bienes intermedios son producidos en Cataluña, pero otros son importados del extranjero (hay que recordar que dos tercios de las importaciones catalanas son bienes intermedios). Como consecuencia, el porcentaje efectivo de valor añadido o PIB catalán incorporado en las exportaciones catalanas en el resto de España es significativamente menor y se ha estimado en un 22.5% del PIB.


8 A menudo se olvida, también, que los bienes que no se puedan vender en el resto de España no se lanzarán a la basura. Los empresarios catalanes no se quedarán de brazos cruzados e intentarán vender su producción a mercados alternativos. Quizás a un precio rebajado, pero en todo caso a un precio positivo. Como consecuencia, la pérdida de valor añadido asociada con una caída de las ventas en el mercado español depende de la rebaja de precio que se debería hacer para vender estos productos al resto del mundo.


9 Para generar caídas del PIB del 9% como consecuencia de la independencia se ha de suponer que las exportaciones catalanas en el resto de España bajarán un 80% y que los productores catalanes deberán vender estos bienes a otros países a mitad de precio. De esta manera el boicot afectaría al 0.8 x 22.5 = 18% del valor añadido o PIB catalán, y de este valor añadido perderíamos una rebaja equivalente a 0.5 x 18 = 9%. Afortunadamente, estas hipótesis son simplemente absurdas y, por tanto, las cifras que generan también lo son.


10 Es inverosímil que las exportaciones catalanas en el resto de España llegaran a bajar un 80%:
a/ En primer lugar, un boicot de este tamaño tendría consecuencias gravísimas para la economía española y por tanto las amenazas de boicots sufren el mismo problema que las amenazas de dejar Cataluña fuera de Europa: no son creíbles. Es decir, ahora les interesa anunciarlas, pero cuando llegue el momento, debido a sus propios intereses encontrarán difícil llevarlas a cabo.
b/ En segundo lugar, es difícil pensar que los consumidores y empresas españolas hicieran boicot a las empresas multinacionales localizadas en Cataluña como Nestlé, BASF, Volkswagen, Nissan o Repsol porque sería difícil distinguir si los productos de estas empresas provienen de Cataluña o de otros lugares y los mismos españoles no querrían perjudicar las empresas de sus socios europeos (como Volkswagen) y, aún menos, sus propias (como Repsol). En 2006, el conjunto de empresas multinacionales con sede fuera de España aportaron un 40% de la facturación manufacturera catalana y un porcentaje no menor de las exportaciones catalanas. Esto quiere decir que un boicot a los productos catalanes difícilmente afectaría a más del 60% de las ventas en España.
c/ En tercer lugar, es razonable pensar que habría una mayor propensión al boicot por los bienes de consumo que los bienes de capital o intermedios. Los datos de exportaciones catalanas de 2011 muestran que sólo un tercio (1/3) de las exportaciones catalanas están asociadas con bienes de consumo. Por tanto, en un caso extremo en el que el boicot afectara al 50% de los bienes de consumo y el 20% de los bienes de capital e intermedios producidos por empresas con capital mayoritariamente catalán, la caída de las exportaciones en el mercado español sería sólo del 0.6 x (1/3 x 50% + 2/3 x 20%) = 18%. Nosotros pensamos que los consumidores y empresas españolas son racionales y que por tanto no habría boicot. Pero quizás nos equivocamos. En cualquier caso, es muy improbable que un boicot afectara más del 18% de las exportaciones catalanas en el resto de España.


11 La evidencia empírica sugiere que la rebaja media de precio necesaria para vender los productos catalanes potencialmente boicoteados por España en el resto del mundo se encuentra en una horquilla que va del 10% al 40% siendo el 25% el valor utilizado por la mayor parte de economistas. Para calcular la incidencia sobre el PIB catalán también se debería tener en cuenta la parte de los costes de los servicios asociados con transportar estos bienes y servicios a los mercados extranjeros que no son pagados a empresas catalanas. Estimamos que estos costes pagados a extranjeros, que equivalen a una reducción en el precio neto de venta, serían como mucho un 10% del valor de las exportaciones.


12 Estas observaciones nos llevan a la conclusión de que, en el peor escenario posible, nos encontraríamos con una caída de ventas del 18% y necesitaríamos un rebaja del 40 + 10 = 50% en el precio para recolocar estas ventas. En este escenario tan pesimista la caída en el PIB catalán sería del 0.18 x 0.5 x 22.5 = 2.0%. En el caso más plausible en que la rebaja en el precio fuese sólo del 25 + 10 = 35%, la caída en el PIB catalán sería del 0.18 x 0.35 x 22.5 = 1.4% del PIB. ¡Y esta cifra se obtiene asumiendo que los bienes de consumo catalanes sufrirían un boicot casi 10 veces (60% vs. 6.5%) más elevado que el que sufrió el cava en 2005! En definitiva, cualquier escenario razonable indica que los efectos comerciales de la independencia tendrían un impacto muy pequeño sobre el PIB catalán, especialmente en comparación con el dividendo fiscal de la independencia, que recordemos es superior al 8% del PIB.


13 Algunos analistas han dibujado un escenario aún más catastrofista en la que una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea, presumiblemente por el voto en contra de España. Como nuestro colectivo explicó en detalle en el documento "Europa, Europa", para seguir en el mercado único y mantener la libre circulación de mercancías (es decir, por no pagar aranceles) Cataluña no necesitaría formar parte de la UE. Sólo debería firmar acuerdos bilaterales como los que tiene Suiza. Y los tratados de la UE estipulan que los acuerdos bilaterales de este tipo no exigen unanimidad, sino una mayoría cualificada. Además la legislación europea permitiría comenzar a negociar estos acuerdos antes de que Cataluña se convirtiera en un estado soberano (véase, por ejemplo, la comunicación de la Comisión Europea COM (2012) 602 final, de 10 de octubre de 2012).


14 A menudo se menciona que la independencia podría tener efectos sobre la localización de las empresas. Para contestar esta pregunta hay que preguntarse primero: ¿por qué querrían marcharse las empresas de Cataluña? Naturalmente, ante un escenario catastrófico de boicots generalizados donde las ventas al resto de España bajaran un 80% y el PIB catalán cayera un 9% es concebible que algunas empresas decidieran evitar el boicot todo “saltando la valla”. Hay que recordar, sin embargo, que la deslocalización es un proceso que conlleva costes fijos muy elevados que sólo serían amortizados si las empresas esperaran unos boicots de muy larga duración. Además, como hemos explicado antes, un escenario donde las ventas al resto de España cayeran un 80% es simplemente absurdo. Si el boicot terminara resultando en una caída pequeña del PIB, el efecto sobre la deslocalización de las empresas también sería pequeño


15 ¿Podría ser que las multinacionales no quisieran quedarse en Cataluña para que nuestro mercado sería demasiado pequeño? Algunos de los países que han captado grandes flujos de inversión directa en los últimos años, como Irlanda o Bélgica, tienen economías de tamaño similar a la catalana. De hecho, las multinacionales sólo se preocupan del tamaño de una economía cuando esta economía está cerrada al exterior. Si como hemos argumentado antes, la caída en el comercio catalán fuera pequeña y además tuviera un efecto prácticamente nulo en las empresas con marcas extranjeras (como son las multinacionales), de nuevo el argumento del tamaño pierde fuerza.


16 Esto no significa, sin embargo, que en una Cataluña independiente no habría deslocalizaciones, movimientos de sedes en Madrid o cierres de empresas. Claro que habría, al igual que ha habido y en continuaría existiendo si Cataluña siguiera formando parte del Estado español. La cuestión clave en nuestra opinión es el efecto que la independencia catalana tendría sobre los incentivos de las empresas multinacionales a establecer nuevas operaciones en Cataluña y sobre los incentivos de los catalanes a crear nuevas empresas. En este sentido cabe señalar dos hechos. En primer lugar, la independencia dotaría el gobierno catalán de más discrecionalidad y recursos para llevar a cabo inversiones en infraestructura o políticas fiscales que incrementaran los incentivos de las empresas extranjeras a localizar su producción en Cataluña. En segundo lugar, y en materia de creación de nuevas empresas, es difícil imaginar que un futuro estado catalán instaurase unas regulaciones peores que las que existen actualmente en España. Sin ir más lejos, el informe “Doing Business”, publicado anualmente por el Banco Mundial sitúa a España en la posición 136 en un ranking de 185 países del mundo en términos de la facilidad de crear empresas nuevas. En materia de creación de empresas, uno sólo puede afirmar que “España no es Uganda” (posición 144 en el ranking) con cierto rubor.

Col·lectiu Wilson

Pol Antràs (Ph.D., MIT) Catedrático de Harvard University
Carles Boix (Ph.D., Harvard) Catedrático de Princeton University
Jordi Galí (Ph.D., MIT) Investigador Senior del Centre de Recerca en Economia Internacional (CREI)
Gerard Padró i Miquel (Ph.D., MIT) Catedrático de la London School of Economics
Xavier Sala i Martín (Ph.D., Harvard) Catedrático de Columbia University
Jaume Ventura (Ph.D., Harvard) Investigador Senior del Centre de Recerca en Economia Internacional (CREI)

Sitio Web: www.wilson.cat
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