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Europa, Europa

La gran pregunta del debate sobre la independencia de Catalunya es: ¿cuáles serían las consecuencias económicas de tener un estado propio?

Si tenemos que ser intelectualmente honestos, la verdad es que la respuesta no está nada clara. Y no lo está porque, para poder responder con seriedad, tendríamos que comparar qué pasaría si Catalunya se marcha con qué pasaría si se queda. Y los dos escenarios están llenos de incertidumbres. Por ejemplo, quedarse puede tener consecuencias desastrosas si España se hunde todavía más en la crisis financiera o si el gobierno español continúa con las políticas de redistribución interterritorial y de inversiones públicas que han acabado por ahogar la economía catalana. Por otra parte, los beneficios de la separación a corto, medio y largo plazo serán positivos o negativos dependiendo de las instituciones, leyes, regulaciones y políticas que los gobiernos instituyan una vez Catalunya tenga estado propio.

Uno de los aspectos que crea más incertidumbre es el que hace referencia a si una Catalunya independiente seguiría formando parte de Europa. Una parte importante de la incertidumbre es innecesaria y ha sido provocada por la reacción que las autoridades españolas han tenido cuando han visto que la ciudadanía de Catalunya se tomaba seriamente la posibilidad de marcharse. Ministros, economistas, analistas, políticos y autoridades diversas han anunciado que, en el caso de que Catalunya decidiera separarse de España, sería expulsada de Europa y los catalanes tendríamos que usar el pasaporte para viajar a Zaragoza, las empresas catalanas tendrían que pagar unos aranceles que las arruinarían y todos juntos tendríamos que dejar de utilizar el euro. Todo eso, añaden, comportaría la ruina automática para todo el mundo. Es más, se nos ha dicho que la expulsión de Europa sería inmediata y que, para volver a ser admitidos, tendríamos que ponernos los últimos de la cola y que la readmisión requeriría la unanimidad de todos los miembros de la Unión. Implícita está la amenaza de que España votaría que no. Como basta con un solo voto en contra para que un país no entre, dicen, Catalunya quedaría fuera de Europa durante tres generaciones.

Todas estas amenazas sólo tienen un objetivo: atemorizar a los ciudadanos (a menudo con planteamientos absurdos sobre fronteras imaginarias y apellidos prohibidos). Pero no hacen más que demostrar la debilidad de España, ya que intentan ganar el referéndum a base de impedir que se haga: piensan que si a la gente le entra el miedo, nuestros dirigentes flaquearán y así el referéndum nunca se llevará a cabo. Pero aunque sea parte de la campaña del miedo, los miembros del Col.lectiu Wilson pensamos que es poco serio que se digan según qué cosas y se hagan según qué afirmaciones. Es por eso que hemos decidido hacer público un comentario analizando la posibilidad de que Catalunya pueda quedar "fuera de Europa". Aunque nunca ha habido en la historia de la Unión un proceso similar al que han empezado Escocia y Catalunya, es posible hacer un análisis frío de la situación. Y si se hace, uno llega a la conclusión de que los escenarios catastróficos dibujados en Madrid son falsos, incluso si (tal como amenazan algunas autoridades españolas) España resistiera con la máxima energía a la voluntad de los catalanes.



Lo primero que hay que entender es que eso de "salir de Europa" en realidad no quiere decir nada, ya que Europa la conforman una multitud de tratados, grupos e instituciones. Para aclararlo un poco, el gráfico adjunto muestra los numerosos grupos, espacios y acuerdos que existen en Europa y quién forma parte de cada uno de ellos: está el Consejo de Europa, la Unión Europea, la Eurozona, el Espacio Schengen, el Espacio Económico Europeo y el Acuerdo Europeo de Libre Comercio (EFTA). Los diversos grupos, acuerdos y espacios representan compromisos sobre diferentes aspectos económicos y políticos. Por ejemplo, los miembros del Espacio Schengen se han comprometido a dar libertad de circulación de personas dentro de sus territorios (de manera que cuando hacemos turismo y vamos de un país a otro del Espacio Schengen –como por ejemplo cuando vamos de España a Francia–, ni siquiera hay fronteras ni policías que nos piden los pasaportes). La Unión Europea, por su parte, es una asociación de estados con un mercado único integrado y, al mismo tiempo, con instituciones políticas comunes. Pero, una vez más, esta es una de las múltiples soluciones que se utilizan a Europa para asegurar la integración económica a nivel continental.

Fijaos en que los diferentes países de Europa forman parte de diferentes grupos. España, por ejemplo, forma parte de la Unión Europea, la Eurozona y el Consejo. Suiza forma parte del EFTA y del Espacio Schengen, pero no de la Eurozona ni de la Unión Europea. El Reino Unido forma parte de la Unión Europea, pero no de la Eurozona ni del espacio Schengen. Por lo tanto, lo primero que hay que aclarar es: cuando dicen que vetarán nuestra incorporación a "Europa", ¿exactamente a qué se refieren? ¿A la Unión Europea? ¿Al Euro? ¿Al Espacio Schengen? ¿Al Espacio Económico Europeo?

Es de suponer que la amenaza hace referencia a la Unión Europea, aunque, recordémoslo, los tratados de la UE no dicen nada sobre procesos de ampliación interna. Es decir, no dicen nada sobre el proceso de adherir a miembros que se independizan de países que ya son miembros: ni los regulan, ni los prohíben. Pero pongámonos en el caso más pesimista e imaginemos que, en caso de independencia, Catalunya deja de formar parte de la Unión Europea. ¿Querría eso decir que al día siguiente del referéndum se erigirían fronteras entre Catalunya y el resto de la UE? ¿Acaso querría decir que si gana el “Sí”, los catalanes ya no podríamos viajar sin pasaporte por Europa, que nuestras mercancías tendrían que pagar aranceles para ser exportadas a la UE y que los capitales ya no podrían circular entre Catalunya y el resto de la UE? ¿Y por ende, querría eso decir que para volver a ingresar y volver a disfrutar de todos estos derechos y libertades de circulación, tendríamos que esperar a que España dejara de vetar nuestra incorporación a la UE? La respuesta a todas estas preguntas es: NO. Rotundamente NO.

En primer lugar, la hipotética celebración de un referéndum no conduciría a la exclusión de la UE. En todo caso, ésta se podría dar a raíz de una declaración formal y pública de independencia. Por lo tanto, una vez celebrada la consulta y en el caso de que tuviera éxito, nada podría impedir un proceso de negociación dentro de la UE sobre el estatus tanto de Catalunya como de España. Y nada impediría que (tal como recomienda un informe del Parlamento británico para Escocia) lo que hubiera que negociar fuera que el día de la proclamación definitiva de la independencia coincidiera con la fecha de adhesión a las instituciones europeas.

En segundo lugar, en caso de ser obligados a salir de la UE, es cierto que se requeriría el voto de España para que Catalunya fuera readmitida. Una aplicación extensiva (que no directa) del artículo 49 del Tratado de la UE estipula que el acceso de un nuevo miembro de la UE requiere el voto unánime de todos sus miembros, incluido el de España(1). Por lo tanto, nuestro destino en la UE estaría en manos de los españoles: los catalanes que favorecen la independencia tienen que contemplar un escenario donde Catalunya, al menos a corto plazo, quedaría fuera de la UE si España se empeñase en votar “No” a la incorporación de Catalunya a la Unión Europea. Desde el punto de vista del Col.lectiu Wilson, creemos que las amenazas españolas no son del todo creíbles por dos razones. Primera, la capacidad de España de ejercer este veto dependerá mucho de si está intervenida económicamente (los cambios de la Constitución que el Partido Popular y el PSOE acordaron aceleradamente a petición de las autoridades europeas demuestra que la capacidad de las autoridades españolas para hacer según qué cosas no es tan grande como hacen ver). Segunda, porque llegado el momento, no les interesaría hacerlo. España sufre el problema que los economistas denominamos "inconsistencia temporal". Aunque de entrada les interesa decir que pondrán el veto, una vez hecho el referéndum les interesará todo lo contrario, ya que para exportar a Europa tienen que pasar por Catalunya y querrán que Catalunya asuma una parte proporcional de la deuda de la administración central española.

Pero sigamos poniéndonos en el caso más pesimista e imaginemos que una España furiosa y vengativa decide castigar a Catalunya y veta cualquier intento catalán de reingresar en la UE y que la UE se lo permite. ¿Implica eso que las empresas catalanas no podrán vender a Europa, que los ciudadanos catalanes tendrán que pasar aduanas y fronteras, y que para ir a Zaragoza, hará falta el pasaporte? La respuesta es NO.

Los tratados de la UE exigen utilizar el principio de unanimidad para aprobar la entrada de nuevos miembros (TEU, art. 49) y para llegar a "acuerdos asociativos", es decir, a aquellos acuerdos que establecen instituciones comunes entre la UE y los demás países signatarios del acuerdo (más adelante explicaremos por qué es importante eso de los acuerdos asociativos).

Ahora bien, para seguir en el mercado único y mantener la libre circulación de mercancías (es decir, para no pagar aranceles) Catalunya no necesitaría formar parte de la UE. Sólo tendría que firmar acuerdos bilaterales como los que tiene Suiza. Y los tratados dicen que los acuerdos bilaterales sin instituciones comunes no exigen unanimidad, sino una mayoría cualificada (TFUE, art. 207 y 218). Por tanto, si España intentara utilizar su voto para vetar la incorporación de Catalunya al mercado único y a la libre circulación de mercancías, no lo podría hacer, porque Catalunya podría firmar un acuerdo bilateral con la UE, un acuerdo para el que no se requiere la unanimidad sino la mayoría cualificada. Este acuerdo, por tanto, España no lo podría vetar de manera unilateral. De hecho, esta situación de estar fuera de la UE, pero disfrutando de la libertad comercial que hay en la UE, es el de Suiza, que no quiso entrar en el Espacio Económico Europeo por voluntad propia, pero que mantiene uno de estos acuerdos bilaterales con la UE, aprobado con mayoría cualificada (2).

Huelga decir que la UE tendría el máximo interés en firmar este acuerdo bilateral con Catalunya. Al fin y al cabo, en Catalunya hay importantes empresas europeas que se verían ostensiblemente perjudicadas por la introducción de las barreras comerciales con las que las autoridades españolas amenazan. Es evidente que es del interés de toda la UE (¡España incluida!) que todo siga como está. ¿Qué incentivo tienen en comprar más caros los productos catalanes que importan? ¿O a vender más caro lo que exportan a Catalunya?(3) A la vista de estos incentivos y dado que Catalunya, como miembro que es de la Unión, satisfará todos los requisitos en materia de regulación, instituciones, etc. Exigidos por la UE, este acuerdo bilateral tendría una aplicación inmediata.

Resumiendo: incluso en el caso de que España se empeñara en expulsar a Catalunya de la Unión Europea, no podría evitar que Catalunya firmara tratados de libre comercio con la UE y, por lo tanto, las empresas catalanas podrían exportar a Europa con la misma libertad, derechos y obligaciones con que lo hacen ahora.

¿Y las personas? ¿Podrían seguir circulando libremente las personas? La respuesta es sí, pero no porque el tratado de Schengen se aplicara de manera automática. Si Catalunya quisiera adherirse al Espacio Schengen sin ser parte de la UE, tendría que firmar un acuerdo de asociación tal como hizo Suiza. Ahora bien, al ser un acuerdo de asociación, requeriría unanimidad en el Consejo y, por lo tanto, podría ser vetado por España. Dicho esto, aunque España podría vetar el acceso de Catalunya al Espacio Schengen, los catalanes tendrían acceso a éste en su condición de ciudadanos españoles. Volvemos a citar el artículo 11.2 de la constitución española que establece que ningún ciudadano español puede ser privado de su nacionalidad. Por lo tanto, como que el gobierno español no podría quitarles a los ciudadanos de Catalunya la nacionalidad española, éstos podrán viajar desde Catalunya a cualquier país del Espacio Schengen (por ejemplo, para pasar la frontera española o francesa) con toda libertad y para hacerlo, bastará con conservar la nacionalidad española (junto con la catalana) y llevar el pasaporte o el DNI español al cruzar la frontera. En este sentido se daría la paradoja de que quien garantiza la libre circulación de los ciudadanos de Catalunya para toda Europa sería la misma constitución española.

Finalmente, el euro: ¿tendremos que dejar de utilizar euros? Aquí hay gente que confunde conceptos: el hecho de que un país sea independiente significa que tiene la posibilidad de utilizar su propia moneda... pero eso no quiere decir que tenga la obligación de hacerlo. De hecho, el mundo está lleno de países que utilizan las monedas de otros. Ecuador, Panamá y las Bahamas, entre muchos otros países, utilizan el dólar norteamericano sin que Estados Unidos lo pueda impedir. En Europa, Andorra, Mónaco y Montenegro son ejemplo de países que utilizan el euro sin formar parte ni de la Eurozona ni de la UE. Como no hay manera de evitar que un país utilice la moneda que más le convenga, las amenazas al efecto de que Catalunya será expulsada del euro carecen de cualquier tipo de sentido. Catalunya podría hacer lo mismo sin tener que pedir permiso a la Unión ni al Banco Central Europeo. Obviamente, ésta sería una situación transitoria hasta que el sentido común llevara a la plena integración, con la posibilidad de estar representados en las instituciones del eurosistema y participar en sus decisiones.

Conclusión: los miembros del Col.lectiu Wilson pensamos que el hecho de que las autoridades españolas amenacen con la previsión de catástrofes económicas sobre Catalunya si los catalanes decidieran votar a favor de un estado propio sólo demuestra su propia debilidad con un intento de ganar el referéndum a base de no celebrarlo y por eso, adoptan la estrategia del miedo a las desgracias económicas.

Estamos convencidos de que, si llega el día, las autoridades españolas no pondrán obstáculos a que Catalunya siga formando parte de la Unión Europea. Y lo harán por intereses económicos: a España no le interesa tener una mala relación con el país que ha de cruzar casi inexorablemente cuando quiera exportar a Europa, y a España le interesa negociar con Catalunya para que ésta asuma una parte proporcional de la deuda pública (¡que al fin y al cabo es del Reino de España!). Ahora bien, si no lo hacen así y hacen efectivas sus amenazas, España podrá impedir que Catalunya vuelva a formar parte de la UE, porque para ser miembro de la UE hace falta la unanimidad de todos los miembros. Pero España no podrá vetar que Catalunya firme acuerdos bilaterales de libre comercio con la UE para formar parte del mercado único desde el primer día ya que, para firmar estos acuerdos bilaterales, no hace falta la unanimidad sino la mayoría cualificada. Tampoco podrá evitar que los ciudadanos de Catalunya circulen libremente por el Espacio Schengen o que las empresas y los ciudadanos catalanes utilicen el euro como medio de pago.

Dicho de otra manera: si los dirigentes de Catalunya lo hacen bien, los ciudadanos y las empresas catalanas seguirán disfrutando de la libre circulación de mercancías y trabajadores, de prestación de servicios y de circulación de capitales. Exactamente las mismas libertades de circulación que tenemos ahora mismo y que han permitido a Suiza ser uno de los países más ricos y competitivos del mundo. Catalunya, pues, seguirá siendo parte de Europa.

Notas (1) Naturalmente sólo consideramos el supuesto de que España reconoce a Catalunya porque, si no lo hiciera, los ciudadanos y empresas de Catalunya seguirían siendo considerados parte de España y, por lo tanto, gozarían de las mismas libertades de circulación de las que disfrutan ahora. (2) De hecho, vale la pena recordar que la UE puede firmar estos acuerdos bilaterales incluso con estados no reconocidos por todos los estados miembros (véase, por ejemplo, la comunicación de la Comisión Europea COM(2012) 602 final, de 10 de Octubre de 2012). (3) Dicho esto, y con ánimo de ser completamente transparentes y objetivos, España podría vetar un acuerdo bilateral si apelara al principio de seguridad nacional. Esta opción, sin embargo, resultaría altamente extravagante, porque la constitución española (artículo 11.2) dice: "Ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad". Por lo tanto, en caso de independencia, los catalanes seguirían conservando la ciudadanía española, a menos que España cambiara su legislación para castigar a los catalanes.

Col·lectiu Wilson

Pol Antràs (Ph.D., MIT) Catedrático de Harvard University
Carles Boix (Ph.D., Harvard) Catedrático de Princeton University
Jordi Galí (Ph.D., MIT) Investigador Senior del Centre de Recerca en Economia Internacional (CREI)
Gerard Padró i Miquel (Ph.D., MIT) Catedrático de la London School of Economics
Xavier Sala i Martín (Ph.D., Harvard) Catedrático de Columbia University
Jaume Ventura (Ph.D., Harvard) Investigador Senior del Centre de Recerca en Economia Internacional (CREI)

Sitio Web: www.wilson.cat
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